martes, julio 17Respiro y dejo de Pensar

El yoga me trajo de nuevo a la vida. Por Antonio Quintanar Jiménez

No te voy a contar lo que ya he hecho en el libro que la vida me permitió canalizar que atrevidamente titulé “Aprendiendo a estar feliz”, sino, la razón por la que me acerqué al yoga y por la que seguí practicando hasta integrarlo en mi forma de vivir.

Todos, sin excepción, aunque dicen que hay seres humanos que nacen en estado de yoga o budeidad, tenemos la necesidad de reprogramar nuestra forma de ver la vida para conseguir vivirla de forma satisfactoria.  Si no lo haces y mantienes el programa heredado basado en el ego, no podrás núnca alcanzar la verdadera felicidad.

Es posible que en estos momentos te estés preguntando “¿pero qué es la felicidad realmente?” y yo te hago la pregunta a ti directamente “¿eres feliz en este preciso momento?” y al tratar de contestar la pregunta identificas rápidamente qué es y cómo surge la felicidad, pues, todos la hemos sentido en alguna ocasión pero no hemos sido adiestrados para permitir que dicho estado surja desde nuestro interior sin resistencias, sino, todo lo contrario, hemos sido enseñados para buscarla allí donde no está, fuera, debiendo si lo que deseas es estar bien y vivir con satisfacción limpiar y enfocar nuestra forma de ver la vida para permitir que se manifieste.

Todos queremos ser felices, pero, no hacemos aquello que nos lleva a dicho estado, sino, que nos dedicamos a extender el programa que nos vende el sistema en el que vivimos que no tiene otra intención que distraerte, perderte y hacerte dependiente de aquello que sólo alimenta al ego, no al alma.

Pero, retomando el sentido de este texto, voy a contarte la forma en la que llegó a mí el yoga y la razón por la que me agarré a él como salvavidas.

Hace ya la friolera de 14 años que experimenté la última fase maniacodepresiva, la cual, había estado manifestándose durante un periodo de diez largos años en los que el rumbo y la felicidad se esfumaron, si es que en algún momento había tenido verdadera felicidad. No me voy a extender en el miedo, incomodidad y tristeza que puede llegar a sentir uno cuando ves que la vida se tronca en tratamientos alopáticos que te sumen en la somnolencia y te invitan a alimentar lo único que te apetece, dormir (en muchos de los tratamientos mentales, los fármacos que se usan tiene efectos tan fuertes que te impiden disfrutar de las cosas normales de la vida como son comer, escribir, leer o caminar).

Tras muchos años de enfermedad y desajustes, mi familia empezó, incluidos yo también por que si ellos empezaban a perder la fe yo no iba a ser menos, a comenzar a pensar que lo mío no tenía mucha solución y que comenzaba a ser muy difícil de llevar.  Para que te hagas una idea, piensa en la sensación de miedo que puedes llegar a sentir al saber que, al irte a la cama, no sabes si al día siguiente vas a perder por completo el control de todo lo que tienes que hacer, de los compromisos que has asumido, esa era mi sensación, sin olvidar que en una fase maniaca puedes hacer cosas que son muy peligrosas por la sencilla razón de que no tiene noción del peligro de lo que estás a punto de hacer.

La cuestión es que, en medio de aquella tormenta, tuve la suerte de ver los efectos del yoga en mi hermano mayor que, en su única semana de práctica me demostró lo que aquel milenario arte de vivir era capaz de lograr a nivel mental y físico. La cuestión es que aquel día abordé a mi hermano con toda rabia y malestar del mundo sin que él se inmutase y aquello se grabó en mi mente, lo que hizo, meses después que el yoga pudiese ser mi salvoconducto hacia una vida equilibrada.

Mi carácter disciplinado, junto con mi gran necesidad de vivir tranquilo, me ayudaron a practicar una sencilla tabla de posturas de yoga que, con las sencillas indicaciones de respirar de forma consciente y mantener cada postura un minuto, se convirtió en mi gran cambio mental y físico, dando como lugar que, mi práctica siguió más allá de la habitación donde comencé a hacer mi ritual, extendiéndose a mi vida en todo lo que hacía. Si te estás preguntando si hubo algo más o cómo puede ser posible reestablecer una vida con un diagnóstico que en la mayor parte de los casos te acompaña a la tumba, sólo te diré que fui muy disciplinado y constante durante más de 3 años y medio apoyado en las pequeñas sensaciones de paz que iba encontrando en cada sesión, cosa que he seguido extendiendo hasta el día de hoy. Desde ya hace más de 14 años, la presencia es mi forma de posicionarme en la vida en todo lo que hago, aprendido tras un largo periodo de práctica, pero sobre todo por que la práctica sigue siendo mi primer paso en el día a día pues, nunca puedes decir que ya estás bien, sino, hacer por estarlo día a día.

No he avanzado en la práctica, sino, que la he afianzado, pues, aunque tenemos la creencia de que podemos llegar a tener más satisfacción de la que uno alberga en su interior, eso no deja de ser una trampa del ego, pues, la felicidad es simplemente dejar que la calma y el bienestar surjan de forma natural aprendiendo a lidiar con los reveses de la vida con sabiduría y disfrutando al máximo los momentos en los que todo rueda a la perfección. Lo que si es cierto es que cuando uno aprende a leer la vida y a dejar que el estado de calma sea el primer pilar en el que nos apoyamos, el nivel de satisfacción y bien estar son insuperables.

Gracias a la práctica, he comprendido que uno nace y muere en cada inspiración y expiración y que si te estás planteando mejorar tu vida y eliges practicar yoga con un profesor que lo haya integrado en la suya, los resultados irán viniendo con mucha claridad y comprenderás que de haberlo sabido antes, lo hubieses iniciado antes.

Son muchos los testimonios que he recibido sobre como el yoga ha mejorado la vida de las personas, desde superar unas migrañas “crónicas”, conseguir embarazos imposibles a superar muchos miedos, como el miedo a hacer el pino o el miedo a hablar en público. Sin embargo la afirmación que más se repite en los años que llevo compartiendo sesiones de yoga es “gracias al yoga he aprendido a interpretar la vida de otro modo y así tener mayor calidad emocional en mi vida”.

No obstante, lo importante es dar el primer paso, persistir, ser disciplinado y tener fe en que si otros han conseguido ser felices, tú también lo lograrás con constancia y una actitud positiva y humilde.

Yo seguiré practicando los 8 pasos del yoga…

Un abrazo de luz querid@ herman@ y si deseas que te acompañe para solucionar alguna duda al respecto, puedes escribirme a este correo: Antonioqj@hotmail.com

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