jueves, abril 26Respiro y dejo de Pensar

MI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de Miguel

MI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de MiguelHará ya unos 15 años que visité India por primera vez, aunque por aquel entonces ya llevaba varios años practicando y dando clases de Yoga, mi objetivo en este primer viaje no estaba relacionado con el Yoga, era puramente turístico, sobre todo ver el Taj Mahal. Recuerdo de pequeño en el colegio: al ver una foto del Taj Mahal en un libro de Ciencias Sociales quedé totalmente fascinado . Mi ilusión a esa edad era poder conocerlo algún día.

Partimos un soleado día de diciembre de Madrid con destino a Munich. que nos recibió con una impresionante nevada que hizo que nuestro vuelo a Delhi se retrasara más de una hora; la pista de despegue estaba totalmente cubierta de nieve y las alas de nuestro avión se congelaban rápidamente. Desde nuestros asientos podíamos observar a los operarios del aeropuerto caminando sobre las alas “fumigandolas” con algún producto anticongelante.

Volamos hacia Delhi y si Munich nos recibió con nieve, Delhi lo hizo con un tupido manto de niebla y un olor que jamás olvidaré. Harish, el que fuera a ser nuestro chófer durante toda nuestra estancia en India, nos esperaba en el aeropuerto para llevarnos a nuestro primer hotel en Nueva Delhi. El trayecto del aeropuerto al hotel fue, no sé como explicarlo, fue como estar dentro de una película, entre lo poco que la niebla nos dejaba ver, podíamos ver ruina, la suciedad, algún cadáver incluso. Llegamos de madrugada al hotel, Alejandro había traído jamón serrano desde España y junto a unas cervezas Kingfisher que nos ofrecieron en la recepción cenamos. Nos fuimos a dormir con el estómago agradecido, los tres viajeros en un mismo colchón.

Madrugamos y salimos a pasear por Old Delhi hasta llegar a Jama Masjid, una de las mayores mezquitas de la India. Tras quitarnos el calzado visitamos por dentro la mezquita. Después comimos rápidamente y nos fuimos a la estación central de Delhi para coger el tren a Amritsar, nuestro próximo destino. El tren era muy lujoso, con asientos de madera (actualmente no son de madera) y en él que te daban de merendar y de cenar muy rico. Llegamos a las diez de la noche y directamente fuimos al hotel a descansar. Madrugamos, es necesario si quieres conocer a fondo la India, y nos fuimos a visitar el Golden Temple (Harmandir Sahib), templo sij. El Golden Temple es para los Sij como la Meca para los musulmanes, han de visitarlo al menos una vez en la vida. Me quedé maravillado ante tal belleza, el mármol blanco impoluto con olor a leche (por las noches lo lavan con leche para mantener su blancura), el lago que rodea al templo, el propio templo con su cúpula dorada; los cantos de su libro sagrado se escuchaban por la megafonía, hipnotizador. En las esquinas del templo están los aguadores, ofrecen vasos de agua a los visitantes, Harish nos comentaba que el agua de Amritsar era la más potable de la India; Alejandro se atrevió a probar ese agua y durante los tres días siguientes pagó su osadía con visitas constantes a los baños y arcenes de carretera.

Después de la visita al Templo Dorado nos dirigimos caminando por calles atestadas de gente y tuc tucs a Jallanwala Bagh, lugar histórico de la independencia de la India. Hoy en día es un parque en el que se rinde homenaje a las personas asesinadas por el ejercito británico.

Tras la comida nos marchamos a la frontera con Pakistán para ver el espectáculo de bajada de bandera que hacen todos los días del año los ejércitos de India y Pakistán, muy recomendable si visitas Amritsar, pero que no lo pudimos ver porque llegamos demasiado tarde; quedó pendiente para otra ocasión.

Al día siguiente continuamos nuestro viaje por carretera hacia Bikaner. Durante el trayecto Harish nos preguntaba si nos gustaban los huevos, las patatas y cebollas, nosotros decíamos que si y en un momento dado paró el coche en un desvencijado restaurante de carretera que parecía abandonado, nos dejó sentados en unas mesas que había en el exterior y se metió dentro, al cabo de un rato salió con una tortilla de patatas riquísima, de las mejores que haya probado en mi vida. Al llegar a Bikaner visitamos el Fuerte de Junagarth y posteriormente dimos un paseo por la ciudad. En Bikaner tuvimos nuestra primera experiencia con un tuc tuc, nos encantó; cogimos seguramente al conductor más loco y temerario de la ciudad, no parábamos de reír mientras el conductor a toda velocidad iba salvando obstáculos por las calles de Bikaner. ESa noche antes de dormir Harish nos ofreció ir al día siguiente temprano a visitar el templo de Karni Mata, dedicado a las ratas. A Raquel y a mi no nos hacía mucha gracia pero Alejandro si estaba interesado. Según Harish, por las mañanas las ratas aún están dormidas y si pasas al templo hay menos ratas que si lo visitas por las tardes. También nos contó que en el templo todas las ratas son de color marrón excepto una que es de color blanco, y que si la veíamos nos traería suerte en nuestro viaje. Al llegar Alejandro entró enseguida al templo, Raquel y yo nos lo pensamos unos minutos y decidimos entrar. Nada más entrar vimos a la rata blanca junto a otras marrones bebiendo de un plato lleno de leche con canela, los peregrinos tienen por costumbre llevarles alimentos a las ratas. Más que bonita la visita a este templo fue sanadora, ya que desapareció mi fobia a las ratas.

Continuamos el viaje hacia Jaisalmer, la ciudad dorada, situada en la cima de una roca arenosa de color amarillo. Tras el alojamiento en el hotel visitamos a pie la ciudad y después de comer nos fuimos a ver el atardecer a lomos de un camello en el interior del desierto del Thar. Visitamos una familia del desierto con la que cenamos, y vimos un espectáculo de baile típico de la zona. En la cena comimos “verdura del desierto”, una especie de matorrales que crecen en las dunas, se cuecen y al masticarlos sueltan un jugo riquísimo, acompañados de arroz. Durante la cena conocimos a dos jóvenes mexicanos que estaban dando la vuelta al mundo, nos dejaron fascinados con sus aventuras en todos los países que ya llevaban visitados. Después de la cena cogimos el coche y volvíamos al hotel cuando, a mitad del camino, en pleno desierto aún, Harish paró el coche, apagó el motor y las luces y nos dijo que saliéramos del coche, los tres nos quedamos sorprendidos. Le hicimos caso y salimos del coche, le preguntamos qué era lo que pretendía parando el coche de madrugada en medio del desierto, nos dijo, mirad ahora al cielo, y nos quedamos alucinados, pudimos ver la Vía Láctea de una manera muy nítida, aún tengo en mi retina esa visión espectacular. “ Y ahora sí nos vamos para el hotel”.

Nuestro próximo destino era Jodhpur, la ciudad Azul, conocida así por el color de las paredes de sus casas. Allí visitamos la fortaleza de Mehrangarh, majestuosa fortaleza situada sobre una colina desde la que puedes divisar toda la ciudad de Jodhpur. Era 24 de diciembre, Nochebuena, pensábamos que eramos los únicos clientes, pero cuando nos disponíamos a cenar en los jardines del hotel apareció una pareja de Suizos, con los cuales compartimos mesa y cena; curiosamente el chico Suizo había vivido en la misma ciudad de España donde yo vivía. Al día siguiente seguimos trayecto hacia Udaipur. Antes de llegar a Udaipur visitamos el impresionante templo jainista de Adinath en Ranakpur, el templo más grande y majestuoso de esa religión en India, todo tallado en mármol. A nuestra llegada a Udaipur fuimos directamente al hotel, junto al bello lago Pichola. MI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de MiguelDormimos y después del desayuno nos dirigimos a visitar el Palacio de la Ciudad, y aunque a estas alturas de viaje estábamos un poco cansados de tanto palacio, nos pareció precioso. Después de comer caminamos alrededor del lago, queríamos ver el atardecer desde una de las orillas. En medio del lago está uno de los hoteles más lujosos y de la India, al cual sólo se puede acceder en barca. El atardecer fue una pasada, aún recuerdo ese color rojo pesado escondiéndose tras las montañas.

Seguimos nuestro viaje hacía Jaipur, y antes de llegar, HMI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de Miguelarish nos ofreció desviarnos del camino y visitar Pushkar. La primera impresión cuando llegamos fue muy buena: unapequeña ciudad con un pequeño lago. En Pushkar se encuentra el único templo en honor al dios Brahma que existe en el mundo. Paseamos unas horas por allí y nos marchamos hacia Jaipur. Mi mente se había quedado en aquel lago pensando en que volvería a Pushkar algún día a pasar más tiempo allí, deseo que cumplí cuatro años después.

Llegamos a Jaipur de noche. A la mañana siguiente salimos del hotel dirección a Amber para visitar su fortaleza. Subimos hasta el fuerte a lomos de un elefante y, mientras subíamos. decenas de vendedores nos ofrecían postales, telas, figuritas, etc. Después visitamos la tienda del Sr. Gandhi, que con el paso de los años y de mis visitas se ha convertido en una persona especial para mi: buena persona y experto negociante. En esta tienda Alejandro se hizo dos trajes a medida, tenía el antojo de dos trajes de chaqueta con cuello al estilo indio. Le tomaron las medidas alrededor de las doce del mediodía y a las siete de la tarde tenía los trajes listos; cuando se los probó no hubo que hacer ningún arreglo.

Dejamos Jaipur con destino a Agra, por fin, mi principal objetivo del viaje: conocer el Taj Mahal. Llegamos temprano, dejamos las maletas en un hotel y marchamos a visitarlo enseguida. Nada más verlo frente a mi, me cayeron dos lagrimas y mi piel se erizó, mi sueño se había hecho realidad, era impresionante tener ante mi aquel monumento, tan blanco, tan majestuoso. MI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de MiguelEstuvimos unas tres horas allí y después fuimos al fuerte de Agra, desde sus terrazas seguía observando de lejos el Taj Mahal. Después de comer fuimos a visitar el orfanato de la orden de la Madre Teresa de Calcuta en Agra, fue muy duro y emotivo. Actualmente sigo colaborando con este orfanato, llevando medicinas, ropa, cuadernos, lapiceros y dinero todos los años. No hicimos noche en Agra, Harish nos llevó en su Tata a una estación de tren a una población a 40 kilómetros de Agra para coger un tren nocturno a Varanasi, y allí nos despedimos. Esperábamos el tren rodeados de enormes ratas y niños jugando con ellas, dándoles comida, como los occidentales solemos hacer con las palomas. Nuestro primer viaje en un tren cama indio fue una experiencia inolvidable. Si vas a India no puedes dejar de viajar en un tren así. Teníamos de compañero de compartimento a un joven japonés poco hablador. Llegamos sobre las seis de la mañana a la estación de Varanasi. Antes del viaje a India había leído libros sobre Varanasi: una de las ciudades más antiguas de la humanidad, superpoblada, la ciudad de la vida y de la muerte. Durante el día nos dedicamos a caminar por los ghats del Ganges y ya nos dimos cuenta de su dureza. Por la tarde nos fuimos a visitar Sarnath, una de las cuatro ciudades santas del budismo, lugar donde Buda ofreció su primer sermón. Por la noche pudimos disfrutar del Ganga Aarti, ritual religioso hindú de adoración que se celebra todos los días en los ghats del Ganges.

Nos fuimos a ver el amanecer navegando en barcaza por el río Ganges, una hora y media aproximadamente, de crematorio a crematorio. MI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de MiguelDespués dimos un paseo a pie por las callejuelas sufriendo los hedores mañaneros de Varanasi. Era 31 de diciembre, el gasoil del equipo generador del hotel se acabó aquella tarde y yo pasé cerca de treinta minutos sentado en el suelo del ascensor a oscuras. Una familia india nos había invitado a cenar esa noche, y antes de la cena había baile, el mundo al revés. Seríamos cien personas en un salón del hotel disfrutando de un buffet de más de 30 platos. Durante la cena, la familia había organizado sorteos entre los asistentes, por ejemplo un viaje en avión para dos personas ida y vuelta Varanasi/Delhi, un televisor en color, una cartera o un juego de tazas de té. La fortuna nos sonrió: a Alex le tocó la cartera y a mi el juego de tazas de té. Hubo que salir a un estrado a recoger el premio y decir unas palabras, Alex dijo “I love India”, y yo dije: “Me too”. Ellos no toman uvas y para nuestra sorpresa, empezaron a felicitarse el años nuevo a las doce y media, después de que nosotros se lo hubiésemos felicitado media hora antes y no nos hubieran hecho ni caso.

Al día siguiente cogíamos un tren con destino a Haridwar. El viaje duró casi veinte horas, compartíamos camarote con un matrimonio mayor indio y no teníamos nada de comida; creíamos que nos darían de comer como en el tren de Delhi a Amritsar, pero no fue así. El matrimonio si llevaba comida, al principio no nos atrevíamos a pedirles, pero según pasaban las horas y ellos seguían sacando comida y más comida, la necesidad nos pudo. Y ellos encantados de compartir su comida con nosotros.

Llegamos a Haridwar sobre las siete de la mañana, y allí nos estaba esperando Harish de nuevo con su Tata. Qué alegría. Nos llevo a un hotel que estaba a las afueras de Haridwar, y después de una ducha y un suculento desayuno nos fuimos a Rishikesh. Había oído hablar mucho de esta ciudad a las faldas del Himalaya, y me encantó. Aunque este viaje a India no estaba enfocado en mi estudio y práctica del Yoga, tenía el gusanillo de hacer al menos una clase de Yoga allí, así que fuimos al ashrMI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de Miguelam de Sivananda. Allí nos costó convencer al recepcionista para que nos dejaran practicar juntos a Raquel y a mi a la mañana siguiente, tienen la costumbre de que los hombres practiquen por la mañana y las mujeres por la tarde, pero nosotros íbamos a seguir viaje y no podía ser de otra forma.

Madrugamos para ir a la clase de Yoga, Harish nos acercó en coche, eran las seis de una mañana muy lluviosa. Nos dejó junto a la puerta del ashram y subimos a la primera planta. No había ningún sitio para resguardarse del agua, sólo nuestros chubasqueros nos protegían del fuerte aguacero que caía. Estábamos nosotros, un chico brasileño y otro japonés. No apareció nadie a dar la clase. Aguantamos hasta las siete y media, que decidimos irnos a tomar un chai calentito a un puesto callejero que había en frente. Esta fue la única experiencia yóguica de todo el viaje. A las diez partíamos hacía Delhi en coche, siete horas de tortuoso caminMI PRIMER VIAJE A INDIA por Víctor de Miguelo. Ya teníamos ganas de volver a España, se nos estaba haciendo duro a los tres. Llegamos a Delhi y habíamos quedado a cenar con Manik, hijo del dueño de la empresa que nos había organizado el viaje. En esta cena se empezó a fraguar una bonita amistad con Manik, amistad que nos ha llevado a compartir muchos más viajes por India. Él se independizó de la empresa de su padre y fundó Virat Tours, con la cual colaboro durante el verano como guía acompañante y profesor de yoga. Si alguna vez queréis visitar ese bonito y misterioso país no dudéis en viajar con nosotros. En septiembre, del 2 al 16, realizaremos un viaje por el Norte de India, aquí puedes encontrar más información.

Víctor de Miguel.

P.D. Cuando volví a España me prometí que no volvería a India……ya voy por el octavo viaje.

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